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sábado, 19 de enero de 2013

Tabaquismo y salud bucal

El hábito de fumar provoca una serie de efectos indeseables en todo el organismo: la cavidad oral es una de las zonas más expuestas. Luego de absorberse en la mucosa bucal, el humo tiene efectos nocivos sobre casi todos los órganos, pero afecta especialmente al aparato respiratorio, al sistema nervioso central y el periférico, al corazón, los vasos sanguíneos y las glándulas endocrinas.

En la boca, sobre la mucosa bucal, el humo provoca cambios de coloración (manchas blanquecinas) y diversas lesiones, como leucoplasias, hiperqueratosis, acantosis, carcinomas orales, etc.

La presencia de leucoplasias tiene relación directa con la intensidad de la intoxicación y ya es un pre aviso de cáncer oral.

En tanto, la cotinina (uno de los principales metabolitos de la nicotina) desempeña un papel importante en el desarrollo de la enfermedad periodonal. Por otra parte, se observa en las encías una marcada disminución del sangrado (por el efecto vasoconstrictor de la nicotina).

Efectos desfavorables:

La dificultad de cicatrización luego de una extracción dental, es otro de los efectos del tabaco. Esto debido a la acción vasoconstrictora (achicamiento de la luz de los vasos sanguíneos) de la nicotina, además, el humo altera el coágulo formado y favorecería su infección.

La presencia de mal aliento es común en los fumadores crónicos, la halitosis es debida a las modificaciones de la cantidad y calidad de la saliva y a la alteración del equilibrio de la flora microbiana bucal. La disminución de las sensaciones del gusto y del olfato y la inflamación de la mucosa sinusal también tienen como causante al humo.

No olvidemos que la cavidad bucal es el paso obligado y el lugar anatómico más expuesto al humo del tabaco y a sus productos de degradación de modo que en ella pueden desarrollarse alteraciones que, a veces, ponen en peligro nuestras vidas.

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