ESPECIALIDAD EN ORTODONCIA 6TA VERSIÓN
Pre inscripciones: 12 de DICIEMBRE 2017
al 9 de FEBRERO 2018
Examen de Admisión: 15 de FEBRERO 2018
Inscripciones: 19 al 23 de FEBRERO 2018
Inicio de actividades: 26 de FEBRERO 2018
Plazas disponibles: 22 CU POS
Colegiatura: 49000 Bs. (cuotas trimestrales)
INFORMACIONES E INSCRIPCIONES EN:
Av. Saavedra Nº 2244. Miraflores, piso 3.
Teléfonos: 2612480 - 2228422
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La Paz - Bolivia
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miércoles, 27 de diciembre de 2017
martes, 26 de diciembre de 2017
7 curiosidades odontológicas
1) Uno de los músculos más flexibles y, a su vez, el más fuerte del cuerpo es la lengua. Otra de las curiosidades que encontramos en la lengua es que este músculo es más corto en las mujeres que en los hombres.
2) Al día se produce en la boca entre 1 y 2 litros de saliva, a lo largo de la vida toda la saliva que llegamos a generar, podría incluso llenar dos piscinas olímpicas. La saliva cumple con varias funciones más importantes de lo que podríamos imaginar, como evitar que nos atragantemos con la comida, intensifica el sentido del gusto y protege nuestros dientes de las bacterias que se generan en nuestra boca.
3) El primer anestésico conocido en el mundo de la odontología fue la cocaína. No obstante, poco después se empezó a investigar si dicho anestésico podría crear adicción entre los pacientes. En 1905, el alemán Alfred Einhorn descubrió la procaína, la cual se hizo muy popular entre los dentistas de la época. En la actualidad prácticamente no se utiliza por su corta duración y por producir muchas alergias. Hoy día se utilizan los anestésicos del llamado "grupo amida".
4) Durante la infancia la dentadura se compone por 20 dientes de leche o temporarios no permanentes, cuando se caen aparecen los definitivos, y al finalizar todo el proceso en nuestra mandíbula habrán 32 dientes que están formados por: 8 incisivos, 4 caninos, 8 premolares y 12 molares.
5) Las muelas del juicio en la actualidad casi no tienen ninguna utilidad, nuestra mandíbula se hace cada vez más pequeña y al no tener espacio para salir nos generan un dolor muy molesto. Nuestros antepasados las utilizaban para poder masticar el tipo de alimentos duros que tomaban (raíces, carne cruda, etc). Se cree que nuestra mandíbula está todavía en evolución y que con el tiempo desaparecerán.
6) Todos deben cuidarse los dientes, pero con más razón los deportistas de élite. Esto debido a que las infecciones bucales pueden llegar a transmitirse, a través de la sangre, ya que las bacterias viajan a través de esta a otras partes del cuerpo, como las extremidades y los músculos. Esto puede provocar cansancio, fatiga y predisponer el organismo a un mayor riesgo de lesión. Además, cuando se da esta situación, también cuesta más recuperarse de lesiones, ya que el proceso se ralentiza.
7) Clavos, alambres, plomo o porcelana son algunos de los materiales que se utilizaron hace siglos para los antiguos implantes dentales, que sustituían las piezas dentales que se perdían. Posteriormente fue el oro de 24 quilates, pero tampoco convenció como el metal más adecuado para realizar esta función de suplantación dental. No sería hasta que, de manera accidental, Per-Ingvar Branemark descubriera la osteointegración a través del titanio cuando se diera con la clave. Su investigación se produjo en 1965 y desde entonces, los implantes dentales mantienen el titanio como el metal más adecuado y biocompatible con nuestro cuerpo, pues consigue fusionarse con el hueso de los maxilares como si fuese un diente biológico más.
2) Al día se produce en la boca entre 1 y 2 litros de saliva, a lo largo de la vida toda la saliva que llegamos a generar, podría incluso llenar dos piscinas olímpicas. La saliva cumple con varias funciones más importantes de lo que podríamos imaginar, como evitar que nos atragantemos con la comida, intensifica el sentido del gusto y protege nuestros dientes de las bacterias que se generan en nuestra boca.
3) El primer anestésico conocido en el mundo de la odontología fue la cocaína. No obstante, poco después se empezó a investigar si dicho anestésico podría crear adicción entre los pacientes. En 1905, el alemán Alfred Einhorn descubrió la procaína, la cual se hizo muy popular entre los dentistas de la época. En la actualidad prácticamente no se utiliza por su corta duración y por producir muchas alergias. Hoy día se utilizan los anestésicos del llamado "grupo amida".
4) Durante la infancia la dentadura se compone por 20 dientes de leche o temporarios no permanentes, cuando se caen aparecen los definitivos, y al finalizar todo el proceso en nuestra mandíbula habrán 32 dientes que están formados por: 8 incisivos, 4 caninos, 8 premolares y 12 molares.
5) Las muelas del juicio en la actualidad casi no tienen ninguna utilidad, nuestra mandíbula se hace cada vez más pequeña y al no tener espacio para salir nos generan un dolor muy molesto. Nuestros antepasados las utilizaban para poder masticar el tipo de alimentos duros que tomaban (raíces, carne cruda, etc). Se cree que nuestra mandíbula está todavía en evolución y que con el tiempo desaparecerán.
6) Todos deben cuidarse los dientes, pero con más razón los deportistas de élite. Esto debido a que las infecciones bucales pueden llegar a transmitirse, a través de la sangre, ya que las bacterias viajan a través de esta a otras partes del cuerpo, como las extremidades y los músculos. Esto puede provocar cansancio, fatiga y predisponer el organismo a un mayor riesgo de lesión. Además, cuando se da esta situación, también cuesta más recuperarse de lesiones, ya que el proceso se ralentiza.
7) Clavos, alambres, plomo o porcelana son algunos de los materiales que se utilizaron hace siglos para los antiguos implantes dentales, que sustituían las piezas dentales que se perdían. Posteriormente fue el oro de 24 quilates, pero tampoco convenció como el metal más adecuado para realizar esta función de suplantación dental. No sería hasta que, de manera accidental, Per-Ingvar Branemark descubriera la osteointegración a través del titanio cuando se diera con la clave. Su investigación se produjo en 1965 y desde entonces, los implantes dentales mantienen el titanio como el metal más adecuado y biocompatible con nuestro cuerpo, pues consigue fusionarse con el hueso de los maxilares como si fuese un diente biológico más.
jueves, 21 de diciembre de 2017
miércoles, 13 de diciembre de 2017
Morderse las uñas puede dañar los dientes
Morderse las uñas, lo que se conoce médicamente como onicofagia, es un trastorno de control de impulsos que provoca que la persona afectada se muerda las uñas de los dedos y la piel de alrededor de ellas cuando está ansiosa o nerviosa. Para los afectados, morderse las uñas es un acto autocalmante o una manera de mantenerse bien despiertos y alerta. Y aparte de afectar estéticamente las uñas: puede provocar:
Deterioro dental: Aunque las uñas son débiles en comparación con las piezas dentales el roce repetitivo con el esmalte dental hace que este último se erosione, por otro lado morderse las uñas también da paso a otros problemas bucodentales relacionados con infecciones, laceraciones en el tejido oral y lengua, pero debemos tomar en cuenta que estos son casos aislados aunque nadie está excepto a ellos.
Diastemas: Este término refiere separación entre los dientes, se presenta principalmente entre los incisivos superiores, si el hábito de morderse las uñas comienza durante la niñez cuando las piezas dentales están empezando a posicionarse es posible que se generen cambios, la razón es que la fuerza diaria de las manos y uñas contra los dientes modifica la alineación de los mismos.
Reabsorción radicular: Se ha demostrado que morder las uñas, durante el tratamiento de ortodoncia causa una condición conocida como "risolisis", en pocas palabras es cuando algunas partes de las raíces dentales se disuelven en el hueso que las rodea, haciendo que las raíces principales de los dientes se debiliten progresivamente.
Alteraciones temporomandibulares: Diferentes estudios han demostrado, cómo la fuerza aplicada desde la mandíbula hacia los dientes para morder las uñas es capaz de crear desplazamientos en la articulación temporomandibular (ATM), en la mayoría de los casos esta condición cursa con dolor localizado en la unión de la ATM, presión, contracturas musculares, problemas para aperturar y ocluir la boca entre otros.
Gingivitis: Nuestras manos tienen contacto con millones de partículas al día y muchas de ellas quedan depositadas debajo de las uñas integrando bacterias, hongos y microorganismos no deseados, si no lavamos nuestras manos de forma correcta y tenemos la costumbre de morder las uñas presionando posteriormente las encías, las probabilidades de tener una infección en la cavidad oral son realmente altas y esto ligado a una higiene bucal deficiente podría terminar en gingivitis.
Infecciones en las uñas: Por lo general las personas que se muerden las uñas son susceptibles a padecer paroniquia una infección en la piel que se produce específicamente alrededor de las uñas, esta se produce porque las bacterias orales y externas entran en la piel por medio de pequeñas abrasiones provocando enrojecimiento, dolor, hinchazón e incluso pus alrededor de las uñas.
Deterioro dental: Aunque las uñas son débiles en comparación con las piezas dentales el roce repetitivo con el esmalte dental hace que este último se erosione, por otro lado morderse las uñas también da paso a otros problemas bucodentales relacionados con infecciones, laceraciones en el tejido oral y lengua, pero debemos tomar en cuenta que estos son casos aislados aunque nadie está excepto a ellos.
Diastemas: Este término refiere separación entre los dientes, se presenta principalmente entre los incisivos superiores, si el hábito de morderse las uñas comienza durante la niñez cuando las piezas dentales están empezando a posicionarse es posible que se generen cambios, la razón es que la fuerza diaria de las manos y uñas contra los dientes modifica la alineación de los mismos.
Reabsorción radicular: Se ha demostrado que morder las uñas, durante el tratamiento de ortodoncia causa una condición conocida como "risolisis", en pocas palabras es cuando algunas partes de las raíces dentales se disuelven en el hueso que las rodea, haciendo que las raíces principales de los dientes se debiliten progresivamente.
Alteraciones temporomandibulares: Diferentes estudios han demostrado, cómo la fuerza aplicada desde la mandíbula hacia los dientes para morder las uñas es capaz de crear desplazamientos en la articulación temporomandibular (ATM), en la mayoría de los casos esta condición cursa con dolor localizado en la unión de la ATM, presión, contracturas musculares, problemas para aperturar y ocluir la boca entre otros.
Gingivitis: Nuestras manos tienen contacto con millones de partículas al día y muchas de ellas quedan depositadas debajo de las uñas integrando bacterias, hongos y microorganismos no deseados, si no lavamos nuestras manos de forma correcta y tenemos la costumbre de morder las uñas presionando posteriormente las encías, las probabilidades de tener una infección en la cavidad oral son realmente altas y esto ligado a una higiene bucal deficiente podría terminar en gingivitis.
Infecciones en las uñas: Por lo general las personas que se muerden las uñas son susceptibles a padecer paroniquia una infección en la piel que se produce específicamente alrededor de las uñas, esta se produce porque las bacterias orales y externas entran en la piel por medio de pequeñas abrasiones provocando enrojecimiento, dolor, hinchazón e incluso pus alrededor de las uñas.
jueves, 9 de noviembre de 2017
martes, 7 de noviembre de 2017
Enfermedad periodontal y problemas sistémicos
La enfermedad periodontal es una de las patologías más prevalente en el ser humano. Esta es provocada por múltiples bacterias que producen inflamación y destrucción de los tejidos de soporte de los dientes (encía, ligamento periodontal, hueso y cemento). La mayor de las veces es producida por higiene oral deficiente, aunque también tiene predisposición genética y puede ser producida por traumatismos, cambios hormonales, consumo de ciertos fármacos, etc.
En las últimas décadas varias investigaciones advierten que las consecuencias van mucho más allá de la estética o de tener únicamente repercusiones en la esfera bucodental, sino que también son crecientes las evidencias que vinculan la enfermedad periodontal con problemas sistémicos.
Periodontitis y enfermedades cardiovasculares: Recientemente se ha detectado que los patógenos de la gingivitis y la periodontitis podrían permanecer en placas de ateroma, que podrían obstruir las arterias o desencadenar trastornos cardíacos. Por tanto pacientes que padecen periodontitis tienen más riesgo de presentar un episodio coronario. Si esta patología se trata de forma precoz, se pueden descartar de antemano muchos problemas graves como lo sería una enfermedad cardiovascular.
Periodontitis y problemas respiratorios: Algunos investigadores han puesto de manifiesto que la periodontitis puede aumentar el riesgo de sufrir infecciones respiratorias y empeorar el estado de salud de pacientes que padecen EPOC, es decir enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Ante estos casos, lo mejor que puede hacer el odontólogo es aproximar al paciente las instrucciones de higiene bucodental adecuadas y supervisar su salud bucodental al menos una vez cada seis meses.
Salud bucodental y cambios hormonales: Las mujeres son más propensas a sufrir cambios hormonales (durante la pubertad, la menstruación, la menopausia) y eso puede afectar severamente al estado de salud de sus encías. No obstante, varias investigaciones han revelado que las mujeres son más constantes a la hora de mantener una buena higiene bucodental. Según este estudio, las mujeres se cepillan más y mejor los dientes, posiblemente porque conocen los riesgos que una acumulación de placa bacteriana podría tener sobre sus encías.
Relacionan a la periodontitis con la enfermedad de Alzheimer: Estudios recientes demuestran que la inflamación crónica de las encías o periodontitis, principal causa de pérdida de los dientes, está asociada con un aumento del riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer. Para llegar a esa hipótesis, el equipo de la Universidad de Medicina Chung Shan, en Taichung, utilizó la Base de Datos Nacional de Investigación de Cobertura de Salud de Taiwán, para revisar si los mayores de 50 con ese problema dental tenían deterioro cognitivo.
En las últimas décadas varias investigaciones advierten que las consecuencias van mucho más allá de la estética o de tener únicamente repercusiones en la esfera bucodental, sino que también son crecientes las evidencias que vinculan la enfermedad periodontal con problemas sistémicos.
Periodontitis y enfermedades cardiovasculares: Recientemente se ha detectado que los patógenos de la gingivitis y la periodontitis podrían permanecer en placas de ateroma, que podrían obstruir las arterias o desencadenar trastornos cardíacos. Por tanto pacientes que padecen periodontitis tienen más riesgo de presentar un episodio coronario. Si esta patología se trata de forma precoz, se pueden descartar de antemano muchos problemas graves como lo sería una enfermedad cardiovascular.
Periodontitis y problemas respiratorios: Algunos investigadores han puesto de manifiesto que la periodontitis puede aumentar el riesgo de sufrir infecciones respiratorias y empeorar el estado de salud de pacientes que padecen EPOC, es decir enfermedad pulmonar obstructiva crónica. Ante estos casos, lo mejor que puede hacer el odontólogo es aproximar al paciente las instrucciones de higiene bucodental adecuadas y supervisar su salud bucodental al menos una vez cada seis meses.
Salud bucodental y cambios hormonales: Las mujeres son más propensas a sufrir cambios hormonales (durante la pubertad, la menstruación, la menopausia) y eso puede afectar severamente al estado de salud de sus encías. No obstante, varias investigaciones han revelado que las mujeres son más constantes a la hora de mantener una buena higiene bucodental. Según este estudio, las mujeres se cepillan más y mejor los dientes, posiblemente porque conocen los riesgos que una acumulación de placa bacteriana podría tener sobre sus encías.
Relacionan a la periodontitis con la enfermedad de Alzheimer: Estudios recientes demuestran que la inflamación crónica de las encías o periodontitis, principal causa de pérdida de los dientes, está asociada con un aumento del riesgo de desarrollar la enfermedad de Alzheimer. Para llegar a esa hipótesis, el equipo de la Universidad de Medicina Chung Shan, en Taichung, utilizó la Base de Datos Nacional de Investigación de Cobertura de Salud de Taiwán, para revisar si los mayores de 50 con ese problema dental tenían deterioro cognitivo.
lunes, 9 de octubre de 2017
Estrés y dolor de dientes, ¿por qué?
Mantener una buena higiene oral es incluso más importante
El estrés y el dolor de dientes pueden estar estrechamente relacionados, no en vano el estrés está considerado como un factor de riesgo frente a diferentes patologías de la boca: bruxismo, enfermedades periodontales, trastornos de la articulación temporomandibular, caries, etc.
¿Por qué? Fundamentalmente por dos razones. La primera es que los dientes superiores entran en contacto con los inferiores con una frecuencia considerablemente mayor de lo habitual. La segunda es que lo hacen presionando los unos sobre los otros debido a la tensión que el estrés genera en los músculos de la cara y en especial sobre los que sujetan la articulación temporomandibular.
Y ambos factores generan una intensa fricción entre los dientes, lo que genera un mayor desgaste de la dentina y por tanto aumentan las posibilidades de que se produzca alguna lesión de los mismos, además del bruxismo o rechinar de dientes nocturno.
El dolor dental es una clara manifestación de que el estrés ya ha producido algún daño. Únicamente una visita periódica al odontólogo –al menos cada seis meses– permitiría en la mayoría de los casos advertir los signos iniciales de los efectos del estrés en el conjunto de la estructura de la boca:
Es obvio que el mejor tratamiento preventivo para evitar el dolor de dientes asociado al estrés es combatir este último, ya sea practicando ejercicios de relajación, con terapia psicológica o cualquier otra técnica. En cualquier caso, lo que sí es importante es acudir a la consulta del odontólogo para que éste evalúe los problemas que el aumento de la tensión causó.
Es importante asistir al odontólogo para que realice una evaluación
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